A partir de 1985, se inicia en el país un proceso, creciente y diferencial, de incorporación de la dimensión ambiental en las actividades educativas y culturales de los más diversos niveles y ámbitos académicos e institucionales. En particular, en los espacios educativos, tanto formales como no formales, se han desarrollado múltiples experiencias y acciones con creciente contenido ambiental que han alcanzado variados resultados y niveles de continuidad.